PASTORAL VOCACIONAL

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Proceso - Varones

¿¿¿Sacerdote yo???

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Yo no sé aún qué piensas hacer, Señor, con mi juventud;
sólo sé que me amas. Tú has venido a mí;
en ese encuentro entendí las palabras de tu amor,
pero... cuántos en el mundo no saben ni siquiera tu Nombre, Jesús.

Maestro bueno, cómo es tenebrosa la realidad del mundo,
mientras aquí tu luz me inunda.
Cómo están vacías muchas personas,
mientras mi juventud puede llenarse de tu presencia.
Cuánta pobreza de gracia,
mientras yo puedo penetrar las riquezas de la fe.

Yo no sé aún lo que deseas hacer de mí,
pero si tú me quieres para ser sacerdote
heme aquí, ¿a dónde quieres que vaya?

Háblame al corazón, Señor,
por medio del Espíritu de Jesús,
hazme dócil a tus órdenes,
sea cual sea tu designio sobre mí.

Que tenga o no la gracia de partir,
yo quiero ser apóstol de las misiones,
para que se multiplique sobre esta tierra
el número de hijos tuyos unidos a Jesús,
quien contigo y el Espíritu Santo
vive y reina por los siglos de los siglos.

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Necesito tus manos para seguir bendiciendo,
necesito tus labios para seguir hablando,
necesito tu cuerpo para seguir sufriendo,
necesito tu corazón para seguir amando,
te necesito para seguir salvando.

Heme aquí, Señor.
he aquí, Señor
he aquí mi cuerpo,
he aquí mi corazón,
he aquí mi alma.

Dame el ser lo bastante grande para abarcar el mundo,
lo bastante fuerte para poder llevarlo a hombros,
lo bastante duro para poder abrazarlo,
sin intentar guardármelo.

Concédeme el ser tierra de encuentro,
pero sólo tierra de paso,
camino que no conduzca a sí mismo,
sin adornos humanos, sino que lleve a ti.

Señor, en esta tarde,
mientras todo se calla y mi corazón siente
la amarga mordedura de la soledad,
mientras mi cuerpo aúlla
largamente su hambre oscura
mientras los hombres me devoran el alma
y me siento impotente para artarlos,
mientras en mis espaldas pesa el mundo entero
con toda su carga de miserias y pecado,
yo te vuelvo a decir mi sí,
no en una explosión de entusiasmo,
sino lenta, lúcida, humildemente,
Solo, Señor, ante TI.





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PORQUE CRISTO ES NECESARIO

Juan Pablo II